My Brave Face

deep inside

Rabo de nube

June, Sunday 19 tras la siesta

“Si me dijeran pide un deseo, preferiría un rabo de nube, un torbellino en el suelo y una gran ira que sube. Un barredor de tristezas, un aguacero en venganza, que cuando escampe parezca nuestra esperanza. Si me dijeran pide un deseo, preferiría un rabo de nube, que se llevara lo feo y nos dejara el querube. Un barredor de tristezas, un aguacero en venganza que cuando escampe parezca nuestra esperanza.”
Silvio Rodriguez

Un rabo de nube es la cola de un huracán. Yo quisiera este día para mí la cola del huracán, que barriese el dolor que lo ocupa todo.

Ayer noche, sin mayor intención que la de darme un consejo, un amigo a quien amo destapó en público mi caja de pandora. Y digo que le amo porque para mi amar implica, a ultranza, aceptar el cariño del otro… y además, solo aquellos a los que amamos pueden hacernos sufrir. Es irónico que justamente sean mis amigos más amados los que, en algún momento, me hayan acusado de no aceptar el amor de los demás.

Ayer contener el huracán que esas palabras crean fué sencillo, estaba rodeada de gente que apenas conozco, que apenas me conoce. Pero esta mañana, al despertar, el dolor, la culpa o como quiera que se le llame, se había atrincherado en mi pecho. El dolor está aquí hoy por el amor que creo no tener y por el amor que no tengo, la culpa por saberme responsable de este dolor, impotente ante el terror a derribar las murallas que sostienen mi mundo y no encontrar amor tras ellas. Es el ojo del huracán y es mi elección. Soy consciente de no haber aprendido la más sencilla de las lecciones: no me he deshecho de la sensación de no merecer el amor de los que amo. Vivo con la felicidad de quien ama lo que tiene, sonriendo con melancolía ante lo que no tengo. Y vivo, porque el amor lo puede todo y sostiene el alma más frágil con el simple aroma de las flores de primavera.

Así que he llamado a las lágrimas. He dejado que el dolor se haga dueño de todo, que lo sea todo y exceda todos los límites, hasta encontrar la única salida posible… y ahogar el rugido del huracán en mi garganta será el único dolor que quedará cuando este haya pasado.

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